sábado, 17 de mayo de 2014

Ojos verdes como aceitunas


El día que nos abandonó Gabriel García Márquez abracé la marioneta que me regaló mi amiga 'Ojos'. La muñeca de trapo me susurró al oído estas palabras: 'Por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz'.

Me sobrecogió el alma y cogí mis bártulos desordenados, los metí en un hatillo y con mis zapatillas ennegrecidas recorrí la acera de mi barrio hasta llegar a la parada del autobús. Media hora después ya estaba en la Calle del Mar de Pinedo, en el coqueto apartamento de 'Ojos'.  Siempre me sorprende la luz de esos ojos color verde aceituna de mi amiga, que como versa la canción que ella canta de Joaquín Sabina: ojos verdes como aceitunas que robaban la luz de la luna miel...
Y así junto a un balcón de geranios bermellón, más intensos que el vino Toro, me empalagué los labios con miel de caña y aceite Sanct Mathei mientras agitaba la cola el westie blanco de mi amiga. 
En la fotografía, mi amiga 'Ojos'
Quise endulzar un momento amargo. Gabo nos había abandonado y sus palabras naufragaban en mi mente, como si me fueran a invadir cien años de soledad.
De pronto sonó mi Samsung Galaxy.... (imposible no dar un brinco cuando escuchas el tono: 'Las flechas del amor' de Karina)... Escuché una voz áspera y varonil que me dibujó una amplia sonrisa. El que llamaba era mi vecino Aureliano, un chileno octagenario, cultivado y sabiondo (o sabihondo) que he tenido el placer de conocer. Aureliano Buendía se había quedado atrapado en el ascensor y, menuda suerte la mía, había marcado mi numero de teléfono móvil. Así que con el rastro de aceite en la boca y la miel de caña aún pegada en los labios, salí disparada de nuevo hacia mi apartamento. Esta vez, cruzamos la autovía de Pinedo a Valencia con el Mercedes rosa de mi amiga 'Ojos' (es rosa porque la luz del sol ha desgastado el rojo original del modelo y porque las abolladuras ya tienen un color de carne cruda de vaca)... Pero eso no llamó la atención de la ingente cantidad de vecinos que estaban agolpados en la acera de mi portal. 'Ojos' y yo esquivamos como pudimos a los corrillos de los cotillas, cuyo único objetivo era saber por qué hoy Remedios, la del tercero, no había abierto la puerta al cartero... y llegamos hasta la orilla del angosto hueco del ascensor. Dos bomberos gritaban: Aureliano, vamos a tirar el arnés para rescatarle, es muy arriesgado por su edad, tenga cuidado!.
El sagaz anciano fingió que estaba sordo porque ya había tejido su red. De repente, escuché la vibración de mi whatsapp. Apreté en el circulito verde y apareció una autofoto de Aureliano besando a Remedios, la vecina del tercero. 

'Ojos' y yo nos cruzamos una mirada pícara de complicidad mientras él vociferaba desde el ascensor bloqueado en el sótano: La muerte no llega con la vejez, sino con el olvido
El siguiente whatsapp que me envió mi avejentado vecino decía:  Mi querida niña, no chive que Remedios está conmigo... besar es como leer, y yo quiero seguir leyendo...




4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Sabes bien que el amor no tiene edad,... ya lo dijeron hombres sabios, ya nos lo enseña la vida...
      gracias

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  2. Bravo!
    Me gusta, me gusta mucho.
    Ya estoy imaginándome una presentación pública de "el columpio de tus pensamientos" acompañados de una degustación orgaoléptica de los mejores zumos de oliva .
    Un relato, un aceite.
    Una historia, un maridaje.
    Se me empieza hacer la boca agua ...
    Gracias por deleitarnos con tus guisos.

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  3. El amor no tiene edad..., ni el amor recordado de cuando no se tenía tanta edad.

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